Monday, June 7, 2010

LA CASA PERDIDA






Hoy por primera vez en mucho tiempo, me sentí enormemente felíz. Llevaba ya un tiempo indefinido sintiéndome vacía y triste. Había dejado de ir a la iglesia donde resido porque simplemente, no me agradaba el nuevo cura de la parróquia. Debido a varias observaciones de él, fue el último incidente del que no aprobé. Como es mi costumbre, me semi-arrodillé cuando fue el momento de recibir la Ostia. En ese instante, el cura me dijo en voz baja que ya no teniamos que hacer eso. Lo miré con una mirada inquisitiva y a la vez cristalina y al dirigirme hacia mi asiento, decidí en ese mismo instante de no regresar a esa iglesia tan fria y tan carente de inspiración. La verdad era que pensé que nadie tenía el derecho de decirme si podía o no arrodillarme frente al altar.



Decidí empezar a ir a otra iglesia pero no sabia donde. Una noche, mientras viajaba en bus hacia mi casa, conocí a un hombre joven el cual me cedió su asiento. Le di las gracias. Estaba cansada ya que habia asistido a la graduación de unos alumnos, primera vez que había hecho acto de presencia en los cinco años que llevo como profesora de esa universidad. Me senté y miré al chico que me empezaba a dar un cumplido sobre mi peinado. Nuevamente, le dí las gracias.



El deslumbrado por mi peinado, aprovechó para hacerme una pregunta.



-¿Por casualidad sabes donde hay una iglesia cercana?-me dijo.



Me sorprendió su pregunta y de inmediáto él continuó.



-El otro dia entré a este sitio [prefiero no escribir cual religion era para evitar ofender a sus feligreses] y como no estaba bien vestido segun lo que ellos me dijeron, porque no llevaba saco ni corbata; sino un polo y jeans, de inmediáto me hicieron salir de ese lugar con un tono decepcionado me relató este mal episodio.



Le dije que yo era católica y que dos bloques hacia arriba donde había entrado, había una iglesia llamada San Juan donde nadie le prohibiría la entrada por su vestimenta. El chico se puso tan contento que había otra iglesia donde podría ir ya que necesitaba entrar a un lugar espiritual.



Sentí que le urgía restablecer esa conexión con Dios que probablemente, había perdido. Pude observar tambien que era filipino y que quizás le urgia entrar a reconciliarse con Dios.



Estaba por bajarse del bus y no me dió tiempo para pedirle por su numero de teléfono y darle mas datos. Se despidió de mí pero no sin antes volver agradecerme por haberle dado la información sobre la iglesia. Parecía tan contento con esa nueva información ya que la iglesia le quedaría cerca.



Fue entonces cuando comprendí que yo misma padecía de lo mismo; necesitaba un sitio donde ir y sentirme feliz espiritualmente. Busqué, y fue cuando decidí ir a la Iglesia de San Francisco de Asis en Manhattan, Nueva York. Siendo seguidora de ese santo por muchos años y habiéndo yo misma ido a Italia hace 7 años durante un mal episodio en mi vida, fui a visitar la ciudad de Asisi y me postré frente á su tumba situada en la misma iglesia del mismo nombre, quise estar en su iglesia en Nueva York. Tambien aprovecharía para pasear los domingos en la "ciudad" despues de la misa.




Hoy domingo decidí ir y al salir de la estación de tren fui a la dirección equívoca. El sol del medio dia estaba bien fuerte y ardía mi piel por sus rayos. Lo poco que sabía era que estaba perdida y después de haber camido el equivalente de 5 cinco enorme bloques, fue cuando realizé mi error. Me dolian los pies de tanto caminar y algo me decía olvidarme del deseo de ir a misa ya que era tarde y no valdría la pena.



No obstante, continué y cuando estaba apunto de desanimarme fue que vi la entrada de la iglesia. Sentí una enorme alegria por dentro y apesar de que la misa ya había empezado, entré.



Al entrar no pude contener mi jubilo al ver lo hermosa que era la iglesia y sentí tanta felicidad en mi hallagado corazón, que empecé a llorar, pero de felicidad. Es la tercera vez que siento este jubilo. La primera vez fue cuando tambien en Italia, pero hace décadas ya, vi la cupula de la Basilica de San Pedro en Roma mientras estaba en el taxi, luego cuando estuve en Asisi y ahora aca en Nueva York.



Canté con mi alma, y rezé con mi espíritu. Era como si al fin había llegado á mi casa. Sentí como que en ese lugar era donde yo pertenecía. Un lugar donde nadie me juzgaba ni me miraba mal por ser como soy. Todos eran de diferentes razas y todos eramos iguales en ese momento. Lloraban mis ojos pero de felicidad,


al fin había encontrado mi casa...



pensé en ese chico en el bus el cual tambien como yo buscaba LA CASA PERDIDA.





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